El juguete roto de la transición


Las nuevas generaciones no han sabido recoger el testigo de una manera firme, constitucional, y moderna que enraizase de la gran obra pro humanidad del siglo XX.

La realidad supera nuevamente a la ficción, y en un escenario más favorable que nunca jamás alumbró la idea de asentar los valores incuestionables de la Constitución de 1978.

Han ido ganando presencia en los partidos ―que jamás se asentaron como organizaciones representativas de la ciudadanía―, actitudes criticas a las que no se exigió en ningún caso, trabajos probatorios de sus afirmaciones.

En ningún caso han hecho los deberes, de desarrollar temas tan fundamentales para el asentamiento democrático, como La Ley de Partidos Políticos, La Ley Electoral, El ámbito Territorial, Educación, Sanidad, Conciencia, etc., y se han dedicado a otros menesteres mas susceptibles de sacar provecho para Organizaciones, Lobees, Sistema Financiero, individuales, …, que ha traído consigo una corrupción generalizada.

Los errores son conocidos por todos. Los son por qué nadie se libra de no ser participe en algún momento de ellos.

La solución también es del conocimiento de todos. Falta la voluntad de que una mayoría cualificada afronte el desarrollo al que me refería anteriormente. Pero ¿Quién le pone el cascabel al gato?

El acuerdo no se puede plantear de otra manera que dando, cediendo, hablando, escuchando, y proponiendo, no imponiendo.

Ningún español podría aceptar diferencias de criterio a la hora de valorar sus derechos, participación, aportaciones culturales y económicas, que lo marginaran por el código postal de su domicilio.

Esta Legislatura, vista con horizonte de responsabilidad democrática, podría ser el escenario para la creación de una Comisión de Lectura Constitucional, donde aquellos puntos que gozasen del acuerdo con una cualificación significativa―nunca menos de los 3/5 del Censo electoral o 4/5 del Parlamento―pudieran ser susceptibles de ser aprobados por un referéndum por los españoles.

Hoy en el mapa parlamentario, permite pensar en algo mas que la mayoría impostora de la mitad+1.

Hay grupos condenados a entenderse. Por encima de las amistades o enemistades de sus pastores. Los Diputados por encima de firmas coercitivas como lo son la aceptación de la disciplina de partido, está su compromiso con el elector, el que suscribió con él, con un programa que defendería sus intereses.

Un saludo Iberoamericano.

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