Mi “Güelina”


Saber dar cuando no tienes nada


Con una escoba de paja,
barría yo la antojana,
de la casa de la abuela,
cuando a ella le venía en gana.


Eso me parecía a mi,
cada vez que me ordenaba,
—Pero, «güela» que «ta» limpio—,
—A barrer—, o se enfadaba.


Mi abuela, buena gente,
gastada de trabajar,
viuda de la desde la guerra,
con diez hijos, a criar.


El sufrimiento fue su sino,
tuvo tanto que aguantar,
el primero fue su marido,
mi «güelu», para mas contar.


Después cinco de los hijos,
fueron cayendo, sin respirar,
la hija mayor también viuda,
otro mas, echado a faltar.


Nunca me habló de ello,
solo le gustaba mandar,
claro, que a mi con cinco años,
poco me iba a contar.


Un año después, me llamó,
me dijo con un cariño helado,
no dejes de barrer el patio,
este seco, o esté mojado.


Inocencia era su nombre,
de la saga de «Venturin»,
estirpe a la que yo honro,
asignándomelo a mi.


Queda poco ya, «güelina»,
para estar todos juntos ahí,
pero si hay alguna antojana,
no me la endilgues a mi.