“Batallas del abuelo” 190721 Lin vuelve del hospital.


Domingo, 2 de abril de 2017

Era como si volviera a casa el padre de todos. En realidad lo era. Y nosotros, ya lo habíamos adoptado como nuestro «güelu», el que nos contaba las cosas como eran de verdad. 

“Batallas del abuelo” Lin vuelve del hospital.

Empezó, soplando y resoplando, antes de pronunciar la primera palabra. Comenzó diciendo «Esto es mas cosa de la maestra que mía, pero como viví, una situación especial en el sanatorio, os la voy a contar yo»

 Ḻfiesta fue maravillosa. tuvimos hasta fuegos artificiales. Era como si volviera    a casa el padre de todos. En realidad lo era. Y nosotros, ya lo habíamos adoptado como nuestro «güelu», el que nos contaba las cosas como eran de verdad. No como el cura, y los demás. Siempre andaban contando, recontando, amenazando, y como no anduvieras listo, castigando. Si no, te mandaban a comulgar sin pan. El viejo Lin lloraba, por la manifestación de cariño que todos los vecinos le habíamos hecho. Bueno hacer, hacer, lo prepararon todo los mayores, Nosotros lo disfrutamos a lado de Lin. Igual que él.

Convocatoria

Nos citó para el día siguiente. Tenia una historia que contarnos sobre un compañero de habitación del hospital. Y como el mismo dijo, «no vaya a ser que se me olvide». Nos retiramos todos a descansar. Soñando con el regreso de Lin, su recuperación y lo que nos tenia para contar. Así con la oscuridad de la noche, el cansancio y la expectación que nos generó, pasó la noche en un santiamén. Cuando nos reunimos al día siguiente, comenzó hablando, como si fuera la maestra o el cura. Con cara seria, como preocupado.

¿Le pasaría algo importante a Lin?

Empezó, soplando y resoplando, antes de pronunciar la primera palabra. Comenzó diciendo «Esto es mas cosa de la maestra que mía, pero como viví, una situación especial en el sanatorio, os la voy a contar yo» ―¿Sabéis lo que es la soberbia, el egoísmo y la prepotencia? ―Huy, huy, huy, ―empezamos a murmullar los chavales―a ver si nos lo cambiaron los médicos. ―Eh, no os revolucionéis―dijo Lin―solo dos palabras y ya os cuento lo que os prometí.

Soberbia: Satisfacción por lo que tienes o has conseguido menospreciando a los demás.Egoísmo:  El atender solo a tu propio interés, el de una persona por sí misma, sin preocuparse de los demás. Un egoísta nunca tiene bastante, quiere mas y mas y mas.Prepotencia: Es una maldad, normalmente consecuencia del egoísmo y la soberbia, consiguen tener mas riqueza y poder que los demás. Entonces, ejercen en especial, abuso con ese poder.

Vivencia hospitalaria

Y comenzó su relato sobre los meses que compartió con otro enfermo, la habitación en el centro sanitario de Vetusta. Era su compañero, un hombre maltratado por la vida. La guerra civil lo había marcado duramente. A todos nosotros, los que sufrimos la contienda, nos dejó huella. Vosotros―nos dijo―, os habéis quedado sin muchos de vuestros familiares. La guerra es muy dura. Lo mas duro. Y este señor parecía seguir en plena batalla. Batalla de recuerdos, sentimientos, y tal vez mas cosas. Lo cierto es que cada vez, que yo recibía algo de vosotros. o de cualquier vecino, se envilecía mas, con la tristeza que le suponía el encontrarse solo, sin visitas de nadie, y sin noticias de nada.Era un hombre rico. Dueño de varias fábricas de muebles y de piensos para el ganado. Además tenia un montón de propiedades, de fincas, en fin, era millonario. Pero solitario.Según me iba encontrando mejor, le dedique algún tiempo a charlar con él. Acompañándole. Pero su carácter irascible me fue apartando, hasta que nuestra relación era simplemente del saludo de buenos días, buenas noches, y durante las comida, si coincidíamos.Una tarde en horas de visita, vino mi hijo “el andarin”, al que conocéis bien, porque viene por aquí todas las semanas. Estando con el en la sala para visitas, escuchamos cierto jaleo en la habitación. Fue Pepe a ver que pasaba y se encontró con otro señor que había venido a visitar a mi compañero. Poco duró la visita. Cuando llegó Pepe se estaban amenazando, insultando y cerca de tener un disgusto dos octogenarios. Una pena. Mi hijo, consiguió que la cosa se tranquilizara, y acompañando al visitante hacia la sala donde estábamos nosotros, evitó que el enfrentamiento, fuese a mayores.El señor, un humilde sobreviviente en la pos guerra, no le cabía la indignación en el cuerpo. Estaba ofendido. Hundido, Los ojos le brillaban, a punto de echarse a llorar,Tras ser atendido por una enfermera―ejemplo de humanidad―se fue tranquilizando junto a nosotros, y nos contó, una de tantas y tantas historias de miseria del hombre.

Estraperlo

El final de la guerra, les coincidió, en un momento en el que estaban planeando la fuga hacia Portugal. Se encontraron en la frontera, y conocieron el estraperlo. Lo que ahora conocemos como contrabando. De común acuerdo los cinco compañeros y amigos, acordaron formar una cuadrilla de las que actuaban en la zona. Introducían en España productos que no existían o escaseaban. Aceite, azúcar, tabaco, medicinas, etc. que les generaron unos buenos beneficios, durante bastante tiempo. Cuando se acabó, los cinco regresaron a sus lugares de procedencia, y se despidieron.

Vecinos

Los dos peleados eran del mismo pueblo. Meses después se empezó a ver como uno había amontonado una fortuna, engañando a sus compañeros. Creó su imperio. Y cuando este “amigo” se le acercó a pedirle ayuda, sin explicación de ninguna clase, lo contrató para limpiar las cuadras de los animales, con un miserable salario.Y aún cuando obviando todo lo ocurrido, conociendo de su soledad en el sanatorio, fue a interesarse por el, le recibió con desprecios e insultos. 
Así se había generado el follón. El resto carecía de interés para Lin. Lo que pretendía era introducirnos en una dolorosa realidad. El comportamiento humano. El egoísmo, la soberbia, y la prepotencia, pueden proporcionar momentos de supuesta grandeza, pero no hacen mas que reflejar la mediocridad de quienes la practican.
 Ademas el tiempo pasa, la conciencia pasa factura y al final la amargura y la soledad es un duro horizonte, para vislumbrar en el, alguna esperanza.
Era tarde. Nos fuimos corriendo a “fume de taruqu”. Como diría mi madre “Lin vino con ganes de dai a la payuela”. “Vaya hores”.
Hasta la siguiente “Batalla del abuelo”

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